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ANÁLISIS DE LO IMAGINARIO.(ELEMENTOS, MOMENTOS)

Para una terapéutica en Psicosomática.

SUSANA ROTBARD

Todo símbolo tiene una carne y todo sueño, una realidad.
(O. Miloz, (L’amoureuse imitation”)

          Lo imaginario es una fase intuitiva, no racional de conocimiento que estructura la experiencia sensorial.

          Desde esta perspectiva, se constituye no sólo como soporte de deseo e ilusión, sino también como fuente de conocimiento.

          Sami Ali equipara lo imaginario al sueño y a la proyección no defensiva como equivalente del sueño en la vida despierta; "sueño y proyección en la vigilia como vestigios de un estado inicial que se modifica, se obtura, se fragmenta, al mismo tiempo que se conserva bajo esta forma modificada".(1)

          En la medida en que queda equiparado al sueño, es también un proceso biológico que tiene un ritmo (marcado por la alternancia del dormir paradójico y del dormir lento).

          Lo imaginario integra un espacio y un tiempo que se constituyen por la vía de la proyección de la corporalidad.

          Desde sus orígenes la creación de imágenes está ligada a la vivencia corporal integrando la afectividad, la motricidad, los ritmos biológicos y la sensorialidad.


Elementos de lo imaginario. Su anclaje corporal.

          Lo imaginario, la sensorialidad y la afectividad.

          La relación entre imagen y afecto fue estudiada por diferentes autores que reconocen la existencia de un estadio primitivo caracterizado por el hecho de que el valor afectivo de diversas sensaciones predomina sobre su valor cualitativo.

          La imaginería mental antes de tener una materia significativa está primariamente vinculada a estados afectivos bastantes fuertes ligados a cualidades de la materia sensible en el sentido más primitivo de la palabra.

          La imagen mental podemos situarla en relación con la materia sensible en la medida en que se origina en la senso-percepción de esta última aunque la percepción no sea actual.

          Freud, enfatizó en la representación de cosa determinados canales perceptuales como la vista, el tacto, el oído y el movimiento, canales mediante los que se registran objetos exteriores.

          Si bien reconoció que pensar en imágenes es una forma incompleta de hacer consciente lo inconsciente, también expresó que el "pensar en imágenes se halla más cerca de los procesos inconscientes que el pensamiento verbal y es sin duda, más antiguo que éste, tanto ontogénica como filogenéticamente". (2)

          En la evolución, se opera una sustitución de las imágenes subjetivas con un fuerte componente afectivo, por otras más universales que remiten a conceptos y presentan valores afectivamente indiferentes.

          De ahí que, por debajo de las significaciones simbólicas consensuales, hay estratos más profundos, atracciones y rechazos inherentes a la vivencia personal.

          Susanne Langer distingue entre formas discursivas y presentativas; las segundas abarcan todo lo que pertenece a "lo indecible". Este ámbito incluye la música, el mito, las artes plásticas.

          Los símbolos presentativos están asociados a lo emocional ya que en ellos "la diferencia entre sujeto y objeto no ha experimentado todavía el desprendimiento entre la cosa que está ahí y la situación relacional".(3)

          Por ser un reflejo de la afectividad, Langer denomina al simbolismo presentativo: "la figura lógica de las emociones".

          Los símbolos presentativos presentan las mismas leyes que las del proceso primario (condensación y desplazamiento) y corresponderían a un proceso de conocimiento correlativo de las imágenes y fantasías que el psicoanálisis considera productos del proceso primario.

          Por otra parte, siguiendo a Lorenzer: "el símbolo arraiga al mismo tiempo en las experiencias perceptivas del cuerpo y en las experiencias perceptivas externas del mundo exterior". (4)

          Podemos así reconocer un simbolismo que va más allá del lenguaje y que presenta importantes correspondencias a nivel de los afectos personales y singulares según la historia del sujeto.

          Esto confirma aún más la relación entre afectividad, sensorialidad e imaginario.

           En la Poesía encontramos lo que Bachelard llama "el halo afectivo que envuelve una imagen" y que está íntimamente ligada a la sinestesia, llamada también "memoria afectiva".

          La sinestesia es la correspondencia apreciada entre las percepciones de los diferentes sentidos, con independencia del empleo de las facultades lingüísticas y lógicas.

          Hay un soneto de Rinmbaud que la ejemplifica :

          "A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales, /algún día diré vuestros orígenes latentes: A, negro corsé afelpado de las resplandecientes moscas /que giran en torno a crueles hedores /Golfo de sombras; E candores de vapores y de tiendas, Lanzas de orgullosos glaciares, reyes blancos, escalofríos de sombrillas; I/púrpura, sangre escupida, risa de bellos labios, /En la cólera o en penitentes embriagueces; /U, ciclos, vibraciones divinas de mares verdosos, /Paz de las dehesas sembradas de grandes frentes estudiosas; /O, supremo Clarín, lleno de estridores extraños /Silencios atravesados por Mundos y Ángeles; /-O la Omega, rayo violeta de Sus ojos!.

          En este soneto se puede apreciar como la relación de una vocal con un color no es ni lógica ni lingüística. Se trata de un hecho puramente individual gracias al cual una vocal puede ser calificada metafóricamente por una forma que expresa su grafía o por una sonoridad que recuerde su timbre.

          La sinestesia prueba que la cualidad sensible afecta a todo el organismo, y en ese sentido, compromete al cuerpo.

Lo imaginario y la motricidad:

          Con respecto al aspecto motor de la imagen, se llevaron a cabo numerosas experiencias sobre los movimientos que acompañan las imágenes verbales interiores. Además, se descubrieron en electromiogramas, movimientos muy nítidos de los músculos cuando los sujetos imaginan diferentes movimientos.

          Por otra parte, los movimientos rápidos de los ojos (R.E.M.S) que acompañan al sueño, recuerdan los movimientos perceptivos que acompañan la lectura o la exploración de una figura, lo cual permite elevar el movimiento motor a la imagen de los sueños.

          También en los orígenes de la imagen reconocemos el papel de la motricidad.

          La imagen que el sujeto se forja del mundo exterior proviene de una experiencia sensorial de aprehensión del espacio y de los objetos; dicha experiencia puede llevarse a cabo cuando previamente existe la posibilidad en el niño de una actividad propia que le permita acercarse al objeto para recorrerlo y conocerlo.

          Acciones como seguir con la mirada, con la mano, acercarse, separarse, etc. le van a posibilitar la aparición perceptiva de la realidad exterior.

          En ese sentido toda imaginación supone no solamente imágenes cargadas de materiales sensibles, sino también como lo estudió Piaget, esquemas operacionales, en la medida en que el objeto en la imagen es la resultante de acciones combinadas que se ejercen sobre él.

          Los esquemas operacionales, según Piaget, "constituyen simultáneamente especies de conceptos motores susceptibles de disponerse en juicios y razonamientos prácticos, y sistemas de relaciones que permiten una elaboración cada vez más precisa de los objetos mismos a los que se refieren esas conductas". (5)

           También en la percepción, el componente imaginativo de la misma (igual que en los sueños, en la alucinación, en el juego, etc.) es evocado por los esquemas motores.

          El sujeto percibe según sus posibilidades de acción que condicionan y determinan la presencia-existencia del objeto en un espacio dado.

          De esta manera, el cuerpo aparece como "esquema de representación" en la constitución de los objetos y del espacio.

          Esquema de representación que parte de lo real para desembocar en lo imaginario.

          Un ejemplo que da Piaget y que retoma Sami-Ali para ejemplificar el valor del cuerpo como esquema de representación, es la comprensión del niño de la relación "apoyado en"; el infante cuando aún no puede tenerse en pie confunde el objeto y su sostén.

          "Es como si la falta de discriminación perceptiva expresara la dificultad del sujeto para representarse él mismo sobre alguna cosa".

          De la misma manera que para el niño, "el movimiento del objeto se identifica con las impresiones kinestésicas o sensoriomotrices que acompañan a los movimientos de los ojos, la cabeza o el torso". (6)

Lo imaginario y los ritmos biológicos.

          Fraisse en un estudio sobre los ritmos, dice que la repetición periódica transforma la simple percepción del ritmo en una experiencia muy compleja de fuerte tonalidad afectiva...

          Con respecto a los ritmos biológicos que integran lo imaginario, ya desde finales del siglo XIX se identificaron tres grandes aspectos del ritmo: perceptivo, motor y afectivo.

          El aspecto perceptivo está presente en la medida en que el ritmo existe para el sujeto si las repeticiones isócronas están valorizadas a nivel de la percepción.

          El aspecto motor está dado por la posibilidad de la regularidad rítmica de engendrar movimientos.

          Al mismo tiempo, el movimiento es ya fuente de satisfacción, en sí mismo, al proporcionar una excitación fácilmente mantenida y que se acrecienta por la armonía que se crea entre lo perceptivo y motor". (7)

          De esta manera, encontramos aquí el tercer aspecto del ritmo: el afectivo, en el sentido de una excitación que aumenta progresivamente con la repetición.

          Fraisse explica como el ritmo del balanceo en el niño nos facilita una base importante para la interpretación de ritmos mucho más complejos.

          Los balanceos despiertan cierta sensibilidad protopática (8) junto con sus resonancias afectivas.

          De esta manera podemos observar también una estrecha relación entre los ritmos, la motricidad y la afectividad en sus caracteres cuantitativos.

Constitución de lo imaginario.

          Lo imaginario comienza a constituirse en los primeros intercambios madre-hijo, y forma el núcleo subjetivo generador de la afectividad, la creatividad, la capacidad de ensueño, la empatía, la intuición, etc.

          Desde un comienzo reconocemos en la unidad somatopsíquica del niño, los efectos de su relación con la madre en la regulación de sus ritmos.

          La madre desempeña un rol esencial para el lactante en la sincronización y armonización de aquellos, constituyendo así, un medio tanto afectivo como físico que regula el funcionamiento psicosomático del niño.

          Sami Ali reconoce la influencia de este clima materno precoz en la regulación de dos ritmos que inciden notablemente sobre el funcionamiento psicosomático: la regulación térmica y el reposo y la vigilia que influyen en la posibilidad de acceso a la vida onírica.

          Por otra parte, si consideramos la asociación existente entre las acciones, sensaciones y estados emotivos, podemos pensar que los gestos espontáneos del bebé atraen estados emotivos por parte de la madre, (que en lo somático se manifiestan en estados de tensión, y por ende de alteración de los estados rítmicos periódicos) que, en una suerte de comunicación vivencial-corporal, promueven cambios en la excitabilidad del bebé, o sea en sus propios estados de tensión-distensión.

          De esta manera podríamos pensar en una protoconciencia emotivo-imaginante en el bebé, en toda su organización somatopsíquica, que conserva la marca indeleble de la vida emocional e imaginativa de la madre.

          François Doltó refiriéndose a la imagen del cuerpo reconoce la fuerza que se ejerce entre la madre (los padres) y el niño desde la vida intrauterina.

          Para Doltó la madre es el "Otro" en una presencia deseante y relacional que incluye en todo momento la incidencia corporal.

          Hace referencia al "Otro como cuerpo del Otro o al Otro en tanto cuerpo. Es sólo en esta manera de situar al otro que reconoce en vivo el inconsciente freudiano".(9)

Protagonismo de la mano en la actividad imaginativa.

          Desde la vida intrauterina existe, entre otras, una actividad motora refleja: la succión del pulgar.

          Después del nacimiento este acto reflejo se integra al campo de la satisfacción de las necesidades tomando el comando operatorio de la satisfacción alucinatoria en el marco del alivio de tensiones.

          De este modo podemos marcar una continuidad entre la succión del pulgar como acto reflejo y como participante en una actividad imaginativa, mediando el alivio de tensión.

          Un protagonismo mucho más evidente de la mano podemos encontrarlo en las actividades manipulatorias del niño que le permitirán alcanzar dos tipos de fines, la satisfacción de las necesidades, ("La mano primeramente es zona erógena prensiva oral y luego expulsante anal") (10) y la expresión de deseos a través del juego.

          Chateau considera -antes del juego- el papel de la mano. Explica que en el niño -ontogenéticamente-, como en el hombre -filogenéticamente-, el permanecer sentado le brinda la posibilidad de contar con un mundo nuevo: el de las palmas de la mano, como gesto independiente que le posibilita una autonomía en el despliegue de lo imaginario.

          Dice Chateau que en el hueco de la mano "se dibuja el Mío y detrás, el Yo, y ubica en este gesto lo que se inscribirá como el pensamiento representativo". (11)

          De este modo, podemos pensar en el papel decisivo de la mano en la conciencia imaginante -posibilitante del jugar- y en el pensamiento representativo, o sea en la capacidad para pensar

Papel de lo imaginario en la posición de Sujeto.

          La dinámica de la estructura psíquica y las vicisitudes por las que atraviesa la elaboración de la realidad y de la corporalidad, están, desde mi punto de vista, plenamente relacionadas con una dinámica de funcionamiento de lo imaginario que determinará en una parte, la aprehensión cognoscitiva y vivencial de la esfera de los impulsos, tomando como tales a lo que Freud estudió en su primera teoría pulsional como impulsos de conservación y sexuales, y en otra parte la aprehensión de la realidad.

          Lo imaginario está ligado íntimamente con la vida afectiva que reconoce sus fuentes en lo vincular (corporal-vivencial); lo vincular regula la manera de conocer-vivir la propia corporalidad y la realidad.

          "La proyección no-defensiva, además de su participación en la conciencia imaginante, y en los componentes mágicos de la visión del mundo, tiene notables incidencias en la percepción.

          Es una forma intuitiva, de conocimiento que estructura la experiencia sensorial.

          La elaboración de la experiencia del mundo, y del propio cuerpo, es un proceso progresivo en el que la proyección capturada de forma preconsciente por una sucesión de transposiciones metafóricas y metonímicas lingüísticas posibilita el surgimiento de la subjetividad.

          Considero dichas transposiciones no sólo en el sentido de una conexión proposicional, sino fundamentalmente en sus posibilidades de relaciones empíricas.

          Mark Johnson (12) en una investigación acerca de los fundamentos corporales del significado, la imaginación y la razón, sugiere que "existen proyecciones y estructuras irreductiblemente metafóricas de significado que poseen una dimensión no proposicional".

          La dimensión no proposicional adhiere, sin duda, a un tipo de metáfora protosignificativa, anterior a la adquisición del lenguaje.

          Las interacciones perceptivas y los movimientos corporales en el entorno, generan estructuras de "esquemas de imágenes" que nos permiten experimentar nuestro mundo, comprenderlo y razonar sobre él.

          También Piaget hace referencia a la imagen mental no sólo como una prolongación de la percepción, sino como resultado de "una construcción, parecida a la que engendra los esquemas de la inteligencia, pero cuyos materiales son prestados a una materia sensible".

          "Este material es tanto motor como sensible", en la medida que "la imagen es un trazo de la imitación posible".(13)

          De manera general, podemos reconocer el valor de la experiencia corporal (percepción, manipulación de objetos, movimiento corporal) en la creación de esquemas de imágenes que por la vía de la proyección de metáforas y metonimias, definen el modo de aprehensión y elaboración de la realidad.

          Un pensamiento con mayor riqueza proyectiva, posibilitará una mejor elaboración de diferentes situaciones vitales conflictivas que comprometen la posición de sujeto.

PSICOSOMÁTICA. Su Terapéutica.

          Para abordar la patología psicosomática, ya sea orgánica o funcional, es necesario que la técnica se apoye en una teoría que tenga en cuenta el funcionamiento subjetivo y la situación conflictiva por la que atraviesa la persona.

          En cuanto a esta última, podemos reconocer en la mayoría de las enfermedades orgánicas, un tipo de situación desencadenante que se caracteriza por no presentar salida para el sujeto que la padece.

          Con respecto al funcionamiento subjetivo, Sami-Ali en su análisis de los ejes del modelo multidimensional de la somatización, reconoce una variable fundamental a considerar en la enfermedad: la función de lo imaginario, que se expresa como continuidad anímica entre el sueño y la vigilia y que determina la posibilidad de recordar lo soñado y/o de conservar la posibilidad de fantasear.

          La ruptura en esa continuidad está relacionada con lo que Sami-Ali denomina la represión de la función de lo imaginario y que se puede detectar en una aparente pobreza –que no es tal, sino que es un simple bloqueo o un mal aprendizaje de la expresión de las emociones e ilusiones- de todo lo que concierne a la actividad imaginativa.

          La represión es duradera en el sentido que persiste sin fracasar.

          En ese sentido, la referencia es a un tipo de represión que Freud no consideró por estar fuera de las patologías que producen síntomas, reconocidas en el psicoanálisis: la psiconeurosis, la psicosis, la neurosis actual o la perversión.

          Freud en la Metapsicología dice:

          "Naturalmente es la represión fallida la que despierta nuestro interés, más que la que ha sido lograda, la cual, en casi todos los casos, escapa a nuestros estudios".(14)

          En la patología psicosomática se perfila algo que excede la producción de síntomas y que se constituye como una formación de carácter que compromete completamente la subjetividad.

          En esta formación caracterial, la represión se confunde con el carácter y compensa la pérdida de la vida onírica por medio de una imaginación realista que facilita un funcionamiento adaptativo donde el papel social sustituye progresivamente a la subjetividad.

          Este funcionamiento se manifiesta como conformismo social que se acompaña por una pérdida de interés por todo lo que no es real reflejando al mismo tiempo, una marcada sensibilidad por los esfuerzos de adaptación.

          Estas manifestaciones corresponden a lo que en su libro homónimo él denomina patología de lo banal.

          El psicoanalista David Liberman estudió este funcionamiento adaptativo y denominó "sobreadaptado" para referirse a aquellas personas que "padecen de cordura" y que son proclives a enfermar.

          Teniendo en cuenta que "una situación sin salida" puede afectar a cualquier sujeto, la posibilidad de enfrentarla va a depender de los recursos que provengan de su riqueza proyectiva, o dicho de otro modo, de la presencia o ausencia de la represión de la función de lo imaginario.

          De modo tal que, una terapéutica en psicosomática deberá tender a la ampliación de lo imaginario, posibilitante de un cambio de perspectiva que compromete la manera de visualizar y abordar la realidad y la posibilidad de elaborar las situaciones conflictivas o de atolladero que aquella presente.

          Las diferentes técnicas integradas al trabajo de análisis deben tener en cuenta para su desarrollo, componentes claves del cuerpo material, como el ritmo y la lateralidad, susceptibles de modificarse en el análisis de sus correlatos psicológicos: el tiempo (proyección del ritmo), y el espacio (proyección de una corporalidad que incluye también el campo de la lateralidad).

          Al mismo tiempo, la inclusión de la función de lo imaginario como eje fundamental en la comprensión de la patología orgánica implica que la terapéutica priorice la afectividad y la imaginación creativa.

• “ANÁLISIS DE LO IMAGINARIO (ELEMENTOS, MOMENTOS)”. Trabajo publicado en la Revista Actualidad Psicológica nº 224 “Psicosomática” Buenos Aires – República Argentina
Septiembre 1995.


(1) S.Ali: De la proyección. Editorial Petrel, 1982

(2) Freud.S. El Yo y el Ello. 1923. Obras Completas. T.XIX

(3) Langer Susanne. K. The philosophie of Ernst Cassirer, en The library of living philosophers, Evanston, 1949.

(4) Lorenzer, A. Crítica del concepto psicoanalítico del símbolo, Amorrortu, 1986.

(5) La Construcción de lo Real en el Niño, 1963; citado por Sami-Ali en El espacio imaginario, Ed. Amorrortu, 1974.

(6) Los movimientos conjugados de los ojos y las manos son los que introducen una distinción entre un espacio próximo, abierto a la exploración manual, y un espacio lejano.
La Construcción de lo Real en el Niño, 1963; citado por Sami-Ali, Espacio Imaginario.

(7) Fraisse, Psic. del Ritmo. Ediciones Morata, Madrid, 1976.

(8) La sensibilidad protopática es una función sensitiva de escasa discriminación y de fuerte repercusión afectiva; suele aparecer aisladamente y se retira ante la sensibilidad epicrítica, que viene a ser su opuesta, ya que se caracteriza por una mejor discriminación.

(9) Gerard Guillerault. Le corps psychique. Ed. Emergences. Paris. 1989.

(10) F.Doltó: La imagen inconsciente del cuerpo. Edit.Paidós. Bs.As., 1966.

(11) "Es en el gesto independiente y producido en el ámbito manipulatorio donde vendrá a inscribirse el pensamiento representativo; y este gesto volverá a encontrar en las regiones autónomas de lo imaginario, la autonomía del nido manipulatorio". Chateau,J. Les sources de l'imaginaire. Editions Universitaires. Paris. 1972.

(12) Johnson, M. El Cuerpo En La Mente, Editorial Debate, Madrid 1991.

(13) Piaget,J. La Formación del Símbolo en el Niño; 1974, Fondo de Cultura Económica.

(14) Freud.S. La Represión. 1915. Obras completas, T.XIV.

 

 

 

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Actualizada el 28 Noviembre, 2004 22:01

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